2 de mayo de 2008

CASOS CRIMINALES: The Warriors (1979)


The Warriors - Los amos de la noche

USA

Dirección: Walter Hill

Guión: Walter Hill y David Shaber, basado en la novela de Sol Yurick










Luther: (mientras hace repicar dos botellas entre sí) Waaaarrrrrriiiorsss, come out to pla-ay!


Con esta película inauguramos uno de los subgéneros cinematográficos más amados aquí en el Ático, el de las películas de bandas (también llamadas de quinquis o, como diría mi abuela de gamberros). Este subgénero floreció sobre todo en los 70 y 80, con multitud de ramificaciones y perversiones (las bandas tan pronto podían ser de ciudad, como estar en el desierto o en el futuro; venir de la cinematografía americana, como de la italiana o de la australiana; no tener presupuesto, tener poco, o ser una serie A con un nombre como Francis Ford Coppola detrás), pero ya están presentes desde los años 50, en que el cine juvenil de serie B (el de auto-cines de doble sesión) se comenzó a hacer popular.



En el caso de la película que hoy nos ocupa, nos encontramos ante uno de los títulos más apreciados por los aficionados; que gozó de bastante éxito, polémica (que casi siempre acompaña a estos títulos), influencia en títulos posteriores, y que lanzó sobre todo la carrera de su director. Walter Hill saldría de aquí directo a la gloria ochentera, con títulos míticos como Limite 48 horas (1982) y su secuela; Danko: Calor Rojo (1988); o su regreso a este subgénero en la también estupenda Calles de Fuego (1984). Sin olvidar su imprescindible labor como productor, el mismo año en que dirigía The Warriors, en esa obra maestra que es Alien (1979). El co-guionista David Shaber también demostró su oficio en algunos títulos importantes en años posteriores, como Los halcones de la noche (1981) o El eslabón del Niágara (1979).

Pero seguramente ésta sea la película por la que ambos serán más recordados. Considerada por muchos como un gran cómic, sin que pueda saber muy bien lo que eso significa, puesto que el cómic es un medio, no un género o estilo, y cualquier parecido de esta película con Watchmen (1987), por poner un ejemplo, es claramente pura coincidencia. En realidad, si hubiera que hacer una analogía con otro medio, sin duda estaríamos más cerca del perfecto arcade Beat’em up en el que recorremos pantallas (casi siempre urbanas) repletas de malosos a los que hay que hostiar para poder seguir avanzando y llegar así a nuestro destino (con enemigo final incluido). Aunque aquí no tengamos enemigos de final de fase, la división en fases si que está muy marcada, puesto que nuestro grupo de macarrillas (los Warriors del título) ha de atravesar todo Nueva York en una sola noche para regresar a su guarida, pasando por diferentes barrios de la ciudad. Al haber sido falsamente acusados del asesinato de uno de los más poderosos jefes de las bandas de la ciudad, justo cuando éste intentaba unir a todas las bandas, serán puestos en búsqueda y captura y perseguidos allá por dónde pasen por el grupo al que corresponda dicho territorio (todos con una divertida iconografía diferenciadora, que da lugar a una secuencia de arranque, en que van siendo presentados, realmente descacharrante).



Aunque así explicado pudiera parecer de una estructura bastante simple y repetitiva, la fuerte personalidad con que son identificados cada miembro de los Warriors (especialmente un protagonista de sentimientos complejos y difícil a la hora de las relaciones amorosas), las tramas paralelas que se van sucediendo al ser separado el grupo, y sobre todo el buen sentido del ritmo y la energía de su director, logran que la película posea dos elementos de gran importancia para garantizar la diversión: empatía con unos personajes muy característicos y un excelente sentido de la aventura, en este caso urbana. Y aunque es indudable el poco realismo de la historia y de los personajes, que no obstante toma como base una situación histórica en la que un grupo de guerreros griegos quedo aislado entre las tropas persas y tuvo que abrirse camino entre ellas para regresar a su territorio (como la versión del director sacada ahora en DVD se encarga de remarcar), el film se enriquece con la estética mucho más realista y sucia de los espacios en que los protagonistas se mueven (como era habitual en el cine americano de los 70), auténticos concentradores de la violencia y de la sensación de peligro constante que recorre el film.



Película en la que lo crepuscular y el tono pesimista son dominantes, de manera mucho más clara de lo que uno pudiera esperar, y en donde ningún personaje sale especialmente bien parado. Con apuntes psicológicos y sociológicos que, aunque de fuerte ambigüedad, no se quedan en la simple superficie, la película es no obstante un ejercicio de energía y acción, que es rematado con una magnífica pelea en los baños de una estación de metro, inolvidable por su energía y violencia. Ellos son los ejércitos de la noche. O lo fueron hasta que Nueva York hizo limpieza y los reyes de la noche pasaron a ser las tarjetas Visa Oro y el ocio de tendencia más inofensiva y familiar.





Las Claves del Caso


Pericia Criminal: película canónica dentro del subgénero de tribus urbanas, todos los elementos están aquí presentes y muy bien utilizados; su director lleva con garra enérgica el film, a pesar de que éste sobre el papel pudiera tener un desarrollo lineal; los actores, casi todos completos desconocidos, dan entidad y personalidad a sus papeles (muy bien dirigidos, de nuevo); hay frases para el recuerdo y una visión en general sobre lo que se está contando que se agradece deje vía libre a sus personajes para expresarse sin ser juzgados en ningún momento (excepto por las propias reglas que el film establece con claridad); la representación de la ciudad de Nueva York, aunque increíble, tiene una gran fortaleza icónica y es un personaje más del filme; añadamos también que el líder de los Warriors tiene una personalidad compleja y arriesgada para un protagonista, resultando un personaje extremadamente interesante; no olvidemos tampoco la pelea en los baños, magnífico ejercicio de acción; y por último, y más importante en una película de acción-aventuras, estos dos elementos están perfectamente dosificados desde el primer momento hasta su mismo final (con gran ayuda de un depurado montaje), lo que hace del viaje un puro disfrute.






Bajos instintos: dentro de esta película de machos hay poco lugar para estas otras pasiones terrenales (ya suele pasar en este subgénero). Los encuentros del protagonista con su pareja femenina son tan pronto pasionales como monjiles y la carne no sale a la palestra (excepto por la camiseta ajustada sin sujetador de ella), e incluso la secuencia de falsa seducción por una banda de mujeres a una parte de los Warriors para lograr así darlos caza, está resuelta de manera harto recatada. Era previsible.






Pistas Delatoras: hay que reconocer que en su búsqueda estética por ser la aventura de acción pura y definitiva, deja de lado buena parte de profundidad (aunque algo asoma), lo que, aunque es perdonable y comprensible, podría haber elevado aún más el conjunto y redondeado el resultado; además, Walter Hill se queda a un paso siempre de conseguir dejar un sello de personalidad imborrable en la película; quizás en su asepticismo (en el fondo ninguno de los personajes parecen malos chicos, con la excepción del degenerado Luther) le falte un punto de maldad y perturbación.






8 Pisos y media escalera

2 comentarios:

Rodi dijo...

"The Warriors" es una de mis películas preferidas, me encantan este tipo de aventuras urbanas, sobre todo el reflejo de Nueva York como epicentro de la violencia y la criminilidad, una ciudad siempre nocturna y llena de bandas.

La película es mítica desde el primer hasta el último plano y tiene uno de los puntos de partida más original y fascinantes que un servidor a tenido el placer de disfrutar.

PD: Gran análisis de este gran caso criminal.

Saludos.

El Guardián dijo...

Nueva York en un protagonista más de la película. A mí también me gustan mucho las películas en las que el lugar dónde transcurren es un personaje más (y mas si éste es New York).

Me alegro que le haya gustado el análisis (y más tratándose de una de sus películas preferidas, que es siempre un tema más delicado).

Saludos.