21 de febrero de 2009

MIRANDO LAS ESTRELLAS: Albert Barillé (1921-2009)


¿Por qué entre todos los coleccionables de Érase una vez... que se pueden encontrar en los Kioscos nunca aparece Érase una vez el espacio (1982)? Aún admitiendo la enorme influencia de la serie de dibujos divulgativa Érase una vez el hombre (1978), por ser la primera, la más recordada y la que plantó los pilares, el estilo característico y los inolvidables personajes en los que se iban a mover (casi) todos los productos de la franquicia Érase una vez..., es esta segunda la que siempre me ha fascinado más.

Hace unos años volví a repasarme las series fundacionales que ese visionario que fue Albert Barillé creó con su productora de animación Procidis entre finales de los años 70 y los 80, y aunque me quedé a medias con Érase una vez la vida (1986), tanto ...el hombre como ...el espacio me resultaron más ricas, complejas y con un estilo menos infantil que los que recordaba de mi infancia. Por si alguien se lo pregunta, ni me planteé continuar más allá de ...la vida, porque es notorio el descenso de calidad de la animación que sufren las series de esta productora a partir de los años 90.

Con Érase una vez el hombre pude comprobar que la manera de explicar la historia repleta de saltos, de acumulaciones de situaciones, algunos pasajes densos (que no farragosos) y casi con un montaje experimental, es un método de enseñanza complejo que funciona perfectamente en la mente de un niño, a pesar de la sorpresa con la que lo puedan recibir algunos adultos. Nada que ver con las series o programas didácticos que se hacen hoy para los infantes, y que ya sabemos cómo los tratan.

Pero fue al recuperar Érase una vez el espacio, una serie libre del corsé de la obligación didáctica y que pudo contar por lo tanto con un argumento original, donde comprobé que me hallaba ante la obra cumbre de Barillé. Por momentos, casi ante la auténtica serie perdida de animación del universo Star Trek, en la que la inclusión de nuevos personajes, igual de característicos que los de la serie original (además de volver a contar con éstos, por supuesto), y de unos diseños de naves y de fondos inolvidables de Philippe Bouché, explican el imperecedero recuerdo visual que siempre había conservado de ella (además de esa pedazo de portada que pueden ver un poco más arriba). Pero es que narrativamente resulto ser magnífica, mucho más que su predecesora, y ya desde el primer capítulo me ganó completamente.



El pasado 11 de febrero, el inolvidable reloj que marcaba el paso del tiempo en estas series marcó su hora para Albert Barillé, pero su trabajo ya estaba más que hecho. Y los que lo vimos sabemos que quedará.


2 comentarios:

Kike dijo...

¡Te has adelantado! ¡Quería hacer una rtículo sobre esa bizarrada de "Érase una vez el espacio"! Grandísima serie... ¡¡Y gran post, por cierto!!

Bienvenido de vuelta, amigo Guardián, algunos ya no soportábamos más tu ausencia. Esperemos que tu regreso sea productivo.

Guardian dijo...

Amigo Kike, espero que escribas el articulo de todas formas porque seguro que destripas la serie más ampliamente y con más gracia que yo.
Me encantaría leerlo!!