6 de marzo de 2009

CASOS CRIMINALES: Captain EO (1986)


Capitán Eo

USA

Dirección: Francis Ford Coppola

Guión: Francis Ford Coppola y Rusty Lemorande, basado en un argumento de George Lucas









¿Puede una unión de titanes formada por George Lucas, Michael Jackson, la Disney y ¡Francis Ford Coppola! conseguir una obra que esté a la altura de las expectativas despertadas? Si eliminamos a Coppola de la ecuación y consideramos que el director que se iba a encargar de este cortometraje iba a ser Spielberg (demasiado liado en plenos 80, sobre todo en labores de producción, como para ocuparse de este encargo), tenemos a los más grandes reyes del espectáculo ochentero reunidos nunca en un mismo proyecto. Tengamos en cuenta también que la obra tenía por otro lado un éxito casi asegurado de antemano, puesto que su exhibición se iba a realizar exclusivamente en los parques de la propia Disney (con lo que el riesgo a la hora de recuperar beneficios no era muy alto) y además su protagonista (y el sentido final de toda la operación) era el autoproclamado rey del Pop en su momento más álgido (tras haber roto hacía unos años todos los records con Thriller (1982) y cuando aún faltaba un año más para su esperado y triunfal regreso con Bad (1987)). El simple hecho de que el espectáculo fuera a contar con dos canciones inéditas del artista (las primeras nuevas composiciones que lanzaba desde 1982) era un reclamo seguro para asegurar colas sin fin en los parques de atracciones.



Pero es que además no se reparó en gastos (creo que aún ostenta el record del coste por minuto más alto de la historia). El corto se filmó en 65mm (como las producciones para los IMAX), buscando extraer todo el jugo a un sistema 3D que estaba presto para finiquitar su andadura ochentera y que no resurgiría hasta el nuevo siglo. Y aunque el sistema era famoso por la incomodidad y mareos que provocaba en largos visionados, los escasos 20 minutos de duración de Capitán EO permitían a la audiencia disfrutar plenamente del formato sin mayores consecuencias. Se utilizaron efectos especiales punteros para la época (que siguen aguantando bastante bien el paso del tiempo, siendo de todas formas plenamente eightys) y se exhibió en recintos completamente habilitados para que la experiencia fuera total. En otras palabras: se trataba del espectáculo más cool que uno podía echarse a la cara en los 80.



Recuerdo leer en mi niñez noticias sobre este pequeño corto y lamentarme por no poder llegar a verlo, con la mala suerte de que a mi paso por Disneyland Paris a finales de los 90, el corto ya había sido retirado y sustituido por el también estupendo ¡Cariño, he encogido a la audiencia! (1994); ya que el escándalo sobre los supuestos abusos a menores de Jackson había estallado, y la Disney, como suele hacer, tocó en retirada. Por tanto nunca he podido ver este corto tal y como se concibió y como realmente tiene razón de ser. Se entenderá que me es difícil juzgarlo a una resolución diminuta y sin casi definición, en un VHS que parece telecinado directamente desde una copia de proyección. Sería interesante poder volver a verlo en las condiciones para las que fue creado, pero como esa posibilidad está más que lejos de producirse, intentaré ponerme en situación.

En primer lugar, sorprende descubrir que el corto no ha sido tratado como un espectáculo para un parque de atracciones en sí (que suelen destacar por ser una sucesión de efectos y de grandes momentos sin mucho sentido), sino como un corto cinematográfico. Tenemos un ligero argumento (trillado y sencillo, pero argumento al fin y al cabo), hay progresión dramática y una más que correcta narración cinematográfica. Hasta la interpretación de la canción estrella del corto trata de integrarse lo mejor posible en la narración, sin detenerla demasiado. Es en este aspecto y en los elementos más oscuros del relato (como el diseño y ambientación del planeta de la reina malvada y sobre todo de la propia reina, interpretada por una magníficamente maquillada y sobreactuada Angelica Huston), donde podríamos intuir la mano de Coppola, pero es difícil asegurarlo, pues en esa época tanto la Disney como el propio Lucas tenían la manga mucho más ancha a la hora de mostrar a una audiencia infantil-juvenil elementos y secuencias terroríficas y/o perturbadoras. En realidad Coppola es poco más que un convidado de piedra aquí. Tras haber entregado dos años antes Cotton Club (1984), comenzaba aquí una larga travesía por el desierto, con pequeños paréntesis que lo revivirían momentáneamente, de la que aún está por verse que pueda salir. Con toda seguridad, su único interés en el proyecto era pecuniario y/o de amistad con su otrora discípulo.



Pero no hay que engañarse, Spielberg probablemente habría sacado más jugo de este encargo, aunque no sé si habría mitigado o aumentado la presencia y las vergonzantes chiquilladas infantiles de las peludas marionetas que acompañan a nuestro héroe y el propio carácter de éste (por otro lado, muy acorde con el del mismo Michael Jackson). Es conveniente recordar que el mismo año en que producía Capitán Eo, Lucas también sacaba adelante Dentro del Laberinto (1986), casi el reverso oscuro de este corto y un ejemplo de cómo contar un cuento de fantasía Pop (en este caso, con otro gran icono como Bowie) con mayores dosis de aciertos, talento, complejidad, madurez y poder de fascinación. Pero claro, allí los mandos los llevaba Jim Henson.



Así que no, Capitán Eo no es una pequeña joya sepultada por el tiempo y por su escasa difusión, ni es la gran obra audiovisual de Michael Jackson (esa seguirá siendo el corto Thriller (1983), aunque aquí se recoja mejor el autentico espíritu del personaje, igual que en la, esa sí desarmante, Moonwalker (1988)), pero sí que es un espectáculo más que digno y una impresionante atracción infantil-juvenil ochentera; como un faro que ilumina la gran década de los excesos.






Las Claves del Caso


Pericia Criminal: expongámoslo así: partiendo de los motivos finales por los que se lleva a cabo esta empresa (erigir un mega-espectáculo a la americana, dirigido a un público juvenil, para ser exhibido en un parque de atracciones y a mayor gloria de la mayor súper-estrella pop del pasado siglo), el resultado logrado es bastante digno, entretenido, pegadizo y muy probablemente, visto en su contexto, espectacular.



Bajos instintos: aparte del siempre perturbador Jackson y su camiseta de arcoíris y de una Angelica Huston como una bruja muy terrorífica y carnal, nada de nada.




Pistas Delatoras: más allá del evidente reciclado de conceptos, imágenes y diseños de La guerra de las galaxias (1977) (la fotocopia del ataque a la estrella de la muerte es de un descaro admirable) o de la mismísima Alien (1979) (la llegada de nuestros héroes al planeta de la reina es casi clavada a la de aquella cinta, lo que puede dejar a más de uno con la boca abierta) y de la acumulación de chorradas divertidas no intencionadas, que uno debe esperar en cualquier superproducción de aquella década, sus mayores palos vienen por las insistentes y vergonzosas gracietas de las bolas de pelo secundarias made in Lucas (toda una tradición que va desde el The Star Wars Holiday Special (1978) hasta el Jar Jar Binks de nuestros días); pero es que este hombre no tiene remedio.




7 Pisos y media escalera

2 de marzo de 2009

COLECCIÓN DE CROMOS: Especial The Spaghetti Incident (1)

Este año el blog va a tener cierto aroma a orégano, ya que van a coincidir en él un ciclo con uno de los grandes maestros del cine italiano, junto a la próxima reseña de una publicación muy esperada por todos los fans del fantástico, en la que se le da un buen repaso al cine fanta-terrorífico realizado en la bota de Europa durante toda su historia, y que ya debe estar pronta a aparecer por las librerías.

Desde el Ático tenemos una debilidad por la forma de abordar el género a la italiana, tan apasionada como al mismo tiempo desvergonzada, y pronto caerán por aquí los primeros títulos a comentar. Pero para abrir el apetito, nada mejor que una primera colección de cromos, en un especial Spaguetti que se podría alargar casi hasta el infinito; no en vano Italia fue durante mucho tiempo una de las grandes potencias del cartelismo cinematográfico.

Disfruten ustedes de esta primera galería de arte y recuerden que muchas veces el envoltorio puede ser mucho mejor que el contenido, y que es por eso que a los niños les gusta tanto jugar con las cajas de los regalos.
























21 de febrero de 2009

MIRANDO LAS ESTRELLAS: Albert Barillé (1921-2009)


¿Por qué entre todos los coleccionables de Érase una vez... que se pueden encontrar en los Kioscos nunca aparece Érase una vez el espacio (1982)? Aún admitiendo la enorme influencia de la serie de dibujos divulgativa Érase una vez el hombre (1978), por ser la primera, la más recordada y la que plantó los pilares, el estilo característico y los inolvidables personajes en los que se iban a mover (casi) todos los productos de la franquicia Érase una vez..., es esta segunda la que siempre me ha fascinado más.

Hace unos años volví a repasarme las series fundacionales que ese visionario que fue Albert Barillé creó con su productora de animación Procidis entre finales de los años 70 y los 80, y aunque me quedé a medias con Érase una vez la vida (1986), tanto ...el hombre como ...el espacio me resultaron más ricas, complejas y con un estilo menos infantil que los que recordaba de mi infancia. Por si alguien se lo pregunta, ni me planteé continuar más allá de ...la vida, porque es notorio el descenso de calidad de la animación que sufren las series de esta productora a partir de los años 90.

Con Érase una vez el hombre pude comprobar que la manera de explicar la historia repleta de saltos, de acumulaciones de situaciones, algunos pasajes densos (que no farragosos) y casi con un montaje experimental, es un método de enseñanza complejo que funciona perfectamente en la mente de un niño, a pesar de la sorpresa con la que lo puedan recibir algunos adultos. Nada que ver con las series o programas didácticos que se hacen hoy para los infantes, y que ya sabemos cómo los tratan.

Pero fue al recuperar Érase una vez el espacio, una serie libre del corsé de la obligación didáctica y que pudo contar por lo tanto con un argumento original, donde comprobé que me hallaba ante la obra cumbre de Barillé. Por momentos, casi ante la auténtica serie perdida de animación del universo Star Trek, en la que la inclusión de nuevos personajes, igual de característicos que los de la serie original (además de volver a contar con éstos, por supuesto), y de unos diseños de naves y de fondos inolvidables de Philippe Bouché, explican el imperecedero recuerdo visual que siempre había conservado de ella (además de esa pedazo de portada que pueden ver un poco más arriba). Pero es que narrativamente resulto ser magnífica, mucho más que su predecesora, y ya desde el primer capítulo me ganó completamente.



El pasado 11 de febrero, el inolvidable reloj que marcaba el paso del tiempo en estas series marcó su hora para Albert Barillé, pero su trabajo ya estaba más que hecho. Y los que lo vimos sabemos que quedará.


20 de febrero de 2009

2ª Temporada???


Hoy hace un año de la publicación del primer post de este blog, lo que no quiere decir que este blog cumpla un año. Oficialmente así es, pero teniendo en cuenta que el último post que colgué aquí data de julio del 2008, siendo muy generoso podría decir que voy a cumplir medio año. De todas formas, ha tenido que ser este aniversario el que me haya acabado de dar fuerzas para ponerme de nuevo con Los Crímenes (retomando al mismo tiempo mi presencia en la red en general).

La historia es larga, pero se resume en que nunca tuve ninguna intención de abandonar este blog. Lo que empezó siendo una disminución de la frecuencia de las entradas por motivos de tiempo y trabajo, acabó, por las más peregrinas razones, alejándome más y más cada vez de la posibilidad de continuarlo. Puede confirmar el hecho de que en ningún momento me plantee que el blog estuviera en un estado diferente al de una pausa (primero corta y poco a poco cada vez más larga), que han permanecido en mi mesa durante todo este tiempo las películas que tenía pensado comentar por aquellas fechas.

El mundo a veces es muy extraño...

De modo que voy a imaginarme que soy una serie de televisión con pocos capítulos al año, como fue Los Soprano (ni más ni menos), que empieza su segunda temporada. No puedo hacer más que seguir publicando como si nada hubiera pasado e intentar que el viaje siga siendo placentero. No quiero olvidarme de los que se han preocupado en este tiempo por la salud del blog y han insistido en que continuara. Gracias, y a todos bienvenidos de nuevo.

DISCOVERY CHANNEL: The Dungeonmaster (1985)


El amo del calabozo

USA

Dirección: Dave Allen, Charles Band, John Carl Buechler, Steven Ford, Peter Manoogian, Ted Nicolaou y Rosemarie Turko

Guión: Allen Actor (basado en una historia original de Charles Band)



Gwen: Why did this happen to me? How did I fall for a guy whose first love is a machine?


Hay películas que uno no debería juzgar basándose únicamente en su supuesta calidad (o falta de ella). Bueno, de hecho todas las películas deberían ser juzgadas atendiendo también a otros factores (en su mayor parte subjetivos) que les otorgan su sentido completo para cada espectador final. Desde esta casa, por ejemplo, siempre hemos sentido una especial afinidad por ese tipo de cine que desborda ingenuidad y ambiciones desmedidas por los cuatro costados, con resultados en muchos casos catastróficos. Ese cine que se dice que ya (casi) no se hace, o que cuando se intenta hacer se le notan tanto sus intenciones y su autoconsciencia de ser producción basura, que rompe de esa manera con su principal atractivo a los ojos de un espectador como el que les habla (el caso de las actuales fotocopias desganadas de la productora The Asylum es bastante sintomático).



Quizás El amo del calabozo (o Ragewar – The challenges of Excalibrate, el título original del proyecto, mucho más fidedigno con su contenido) sea una cinta que una gran cantidad de espectadores calificarían sin dudar como basura, pero espero que no muchos de ellos se pasen por este blog, porque hay pocas cintas que resuman tan perfectamente una década tan gozosa como fue la de los 80 como ésta que nos ocupa. Fíjense bien en la portada y ya verán aparecer algunas pistas claras de por dónde van los tiros. En un primer vistazo se podría sacar la rápida conclusión de que estamos ante una película de fantasía, de las denominadas de espada y brujería; de hecho el propio título parece acotar claramente el terreno y nos dirige hacia una figura fundamental en juegos de rol como el fundacional Dungeons & Dragons, y que muchos también relacionarán como un ser bajito, con cierto parecido con un importante ex político catalán y un sentido del humor de un hijoputismo elevado, que brincaba a sus anchas, más feliz que un budista en pleno nirvana, por la serie de dibujos animados que adaptó dicho juego de tablero a la pequeña pantalla.



Pues más o menos al mismo tiempo que esa serie llegaba a su fin en la televisión, Charles Band y su imprescindible productora Empire Pictures, se sacaba de la manga esta ¿explotation? bizarra y desvergonzada, que bien podría resumirse como la más absurda y perfecta plasmación de la mecánica del juego de rol (y de sus jugadores) a la gran pantalla. Pero sigamos ojeando más a fondo su portada y encontraremos algunas pistas más de sus intenciones. Fijémonos en el héroe arrodillado e impertérrito y notaremos que su atuendo no responde al que uno esperaría en una película de este tipo (mallas, falditas o taparrabos), sino que posee un cierto aroma… ¿tecnológico? Bueno, de tecnología futurista cool ochentera, para ser más exactos. Además, de fondo, la imagen de una loca del metal apunto de enfilar un imponderable e interminable solo de guitarra, nos da más pistas que las que podríamos extraer a un nivel puramente metafórico del contenido del paquete.





Lo cierto es que esta película nos va a deparar muchas más sorpresas aún que las que señalan su (excelente) portada. En su cometido (buscado o no) de servir de resumen y aglutinador de las tendencias más videocluberas de la época, nada menos que 7 directores distintos se las apañan para meter a presión, juntos, pero no revueltos, a enanos ladrones reciclados de Los héroes del tiempo (1981); a una computadora, creada por el geek protagonista, que habla, piensa, siente celos y a la que solo le falta amasar pan (todo un icono reiterativo de la década); una armadura llena de gadgets con un cierto aire a un Tron (1982) de saldo; carreras por el desierto en vehículos que gritan ¡chatarra fresca!, siguiendo los pasos de la eternamente influyente Mad Max 2 (1981); muchos rayos, chiums y lucecitas (incluyendo hasta una lucha de dragones de animación, cortesía de los estudios Disney); enfrentamientos con gigantes mitológicos animados en un decente y encantador Stop Motion; una moza inquieta, por supuesto, por el amor que profesa por la tecnología su improbable novio, y que tras ser secuestrada y encadenada, descubrirá al auténtico Sansón que tiene entre manos; una sesión de enfrentamiento a hostia limpia entre el bien y el mal (o como solucionar las cosas a la española); y como insuperables bises (si aún me queda algo de aliento), ¡un pequeño slasher! (algo descafeinado, eso sí) ¡y un mini concierto de la banda de Heavy Metal W.A.S.P.! (como ya dije, la portada decía más de lo que parecía). A ver quién es el guapo que da más en 70 minutos.





Pero, ¿puede caber todo esto en una sola película? Sí, y algunas cuantas cosas más que me dejo en el tintero (más pistas en las capturas). Y lo más importante, ¿puede todo esto tener sentido o simplemente ser entretenido? Dependerá mucho del espectador y de su empatía por los ingredientes de la formula. No nos equivoquemos, no estamos ni mucho menos ante una delicatesen (ni siquiera dentro del llamado cine basura), y la estructura de pruebas-episodios a la que se ve obligado el film, no ayuda a que tenga la más mínima progresión dramática, o sentido del ritmo, o sentido a secas (al contrario, su non-sense es admirable); quizás esta sea la razón por la que no hay más defensores de esta pequeña perla ahí fuera. Pero si logramos entrar en la película desde un principio, es difícil que su visionado vaya a suponer una decepción.



Empezando prácticamente en un gimnasio, templo espiritual de la década, y terminando en casita, en compañía de una fémina con planes de boda, habiendo renunciado a la tecnología, y sabiendo que, tras vencer al mal y haber sabido escoger las peores combinaciones posibles para nuestro vestuario, nos hemos ganado la felicidad ochentera, Charles Band nos da una lección de su particular manera de conquistar el mundo el mismo año en que nos regalará títulos fundamentales como Ghoulies (1985) (juraría que uno de los monstruos de esa cinta es reciclado en ésta), Trancers (1985) o Transmutations (1985).







Las Claves del Caso


Pericia Criminal: el imponderable deseo de Charles Band, como todo buen anfitrión, por agradar a su público objetivo a través de la acumulación, para que así cada espectador tenga un pequeño trozo de su gusto (en realidad la película es así porque fue una serie de televisión frustrada, para que engañarnos); que sin comerlo ni beberlo casi consiga resumir todo las tendencias subterráneas cinematográficas de una década en un solo título; que de haber visto esta película en mi niñez, (cosa que no hice, a pesar de lo mucho que me llamo siempre su caratula desde la estantería de mi videoclub), la habría disfrutado sin duda en toda su plenitud; que nos demos cuenta que para hacer películas como ésta hacen falta por lo menos 7 directores; lo bien que se lo pasa Richard Moll (el inolvidable Bull de Juzgado de Guardia (1984-1992)) como villano locaza; el toque mágico que Band tenía entre los 80 y los 90 para parir continuamente obras de culto (aunque fueran de culto minoritario).






Bajos instintos: su mayor defecto. En plena época de las tetas locas y de las camisetas sin sujetador nos quedamos sin dar un palo al agua (bueno, en el agua ocurre lo más cercano a un desnudo que nos podemos encontrar en el film). ¡Ni siquiera se aprovecha el episodio slasher! Una gran decepción, quizás justificada en parte por orientar su target hacia una audiencia más juvenil. ACTUALIZACIÓN: parece ser que existe una secuencia con desnudos eliminada que estuvo un tiempo colgada en Youtube. Esto ya tiene más sentido.




Pistas Delatoras: hay que verla con los ojos de un niño de los 80 o de un adulto enfermo (y a mucha honra) pero con memoria, para entrar realmente en su juego; pese a contener todos los elementos que dan forma a los grandes títulos de culto, su estructura episódica resuelta sin ninguna gracia, pesa excesivamente a la hora de valorar más positivamente el producto final; que haya habido que esperar hasta el 2002 para una secuela (la misteriosísima Pulse Pounders), que despierta tanto mi curiosidad como mi suspicacia.




7 Pisos

3 de julio de 2008

BOLA EXTRA: Bombazo, ¡¡¡METROPOLIS (1927) ÍNTEGRA!!!


La noticia ha provocado un respingo de emoción por todo mi cuerpo que creo sólo podría superar la aparición de la versión completa de Avaricia (1924) o de alguna otra gran joya del cine mudo perdida o mutilada.

Salgo de mi momentáneo silencio y rompo también con mi norma de no postear noticias, pero es que ésta es la mejor noticia cinéfila de los últimos tiempos. En Buenos Aires se ha descubierto en su Museo del Cine una copia COMPLETA en 16 mm. de la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang. El estado de la copia es bastante malo, pero los responsables de la Friedrich-Wilhelm-Murnau Foundation (que se encargan desde hace cuatro décadas de restaurar los grandes clásicos alemanes, incluida, en diferentes ocasiones, la propia Metrópolis) aseguran que es restaurable y confirman que se trata de la versión completa de la película, de la que no se había vuelto a saber desde meses después de su estreno en Alemania en 1927, ya que la película fue pasto de sucesivos y constantes cortes durante décadas.

El proceso de restauración del film comenzó en Alemania tan pronto como en la década de los 60, siendo su última restauración, en la que se presentó la copia más completa de la que se disponía hasta el momento, del año 2001. En esta última se incluyeron intertítulos explicativos y fotos-fijas para narrar lo sucedido en las múltiples secuencias desaparecidas, sin las cuales muchos elementos de esta obra maestra no se entienden o no tienen toda la fuerza que su director había deseado. La cantidad de metraje perdido era de un 25% aproximadamente. La copia más completa disponible hasta el momento duraba unas dos horas y la que se ha encontrado ahora parece que llega a las tres horas y media.

Un notición increíble y que vuelve a dar alas a los que aún creemos que en filmotecas, museos y colecciones particulares de todo el mundo aún duermen joyas perdidas de la historia del cine deseando ser rescatadas. Hay prevista desde hace tiempo una edición en Blu-Ray de la película para el año que viene, así que ahora esperamos que pueda incluir ya todo su metraje completo y restaurado.

Más información sobre el increíble hallazgo aquí y aquí.

De historia impresionante habría que calificar todas las venturas y desventuras que ha padecido este film (el primero en ser incluido en el registro MEMORIA DEL MUNDO de la UNESCO) desde su mismo estreno, que parecen haber encontrado hoy un más que merecido final feliz.

25 de junio de 2008

MIRANDO LAS ESTRELLAS: Kermit Love (1916-2008)


Sé que he estado ausente bastante tiempo, pero pronto regresaré. De momento no podía dejar pasar este fallecimiento, como ya hice con Stan Winston. Como Stan era suficientemente famoso y ya muchos blogs se han ocupado de él, tampoco fue tan grave mi ausencia, a pesar de que para mí su muerte ha sido importante; tanto, que creo que marca el comienzo del final de una de las más grandes generaciones de magos de la Historia del Cine.

Pero el caso de Kermit Love creo que puede pasar más desapercibido y sería injusto. Estamos hablando de uno de los diseñadores y constructores de marionetas más importantes del mundo, cuya colaboración con Jim Henson le hizo pasar a la posteridad como el constructor y co-creador de uno de los Muppets más importantes e identificables del Sesame Street original: Big Bird (que en España conocimos, en una versión adaptada, como Caponata, aunque ésta no funcionó muy bien). Pero es que, además de ser uno de los supervisores principales de las marionetas de este programa en sus años de máximo esplendor, también se encargó de la realización de los muñecos especiales que requerían las distintas versiones extranjeras del mismo. Y sí, fueron sus manos las que crearon a Espinete, por lo que las muertes se siguen acumulando en torno al erizo rosa.

Como bien cuenta el obituario escrito por el gran Guillermo Fesser, que aparece hoy en El País (y que pueden leer aquí), Espinete fue un descarte de la versión israelí de Barrio Sésamo que acabó en España; así que ya saben, estamos más cerca de los judíos de lo que pensábamos. Love también se encargó de los muñecos que dieron vida a los personajes del programa radiofónico de Gomaespuma en su paso televisivo por Tele 5 en los años 90.

Como todas las personas que han tenido que ver creativamente con la edad dorada de los Muppets (comenzando por el cada día más irreemplazable Jim Henson), su muerte deja atrás otro mundo y, como en el caso de Stan Winston, mucha magia que probablemente ya no volverá. Y eso que aún queda el gran Frank Oz, vivo y activo.

Antes de volver a mi actual silencio, quede aquí mi recuerdo a este Papá Noel de gomaespuma.